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El nuevo Lamborghini se dobla como un camión de basura

Noticias Automoción

El miércoles pasado, en la Pocono Raceway de Pensilvania, Lamborghini presentó el próximo Aventador, el Aventador S, de 422,000 millones de dólares.

Como parte del selecto grupo de periodistas que se sentó al volante, puedo decirle que la nueva versión de este supercoche de seis años de antigüedad es pariente de sangre directa de los monstruos más malvados y duros que disparan fuego y se devoran las pistas del planeta. Pero con diferencias importantes en materia de tecnología y diseño, este Aventador se esfuerza por conseguir algo totalmente distinto: entretenimiento.

«Será un placer no sólo para nuestros clientes, sino también para quienes miran nuestros coches», dijo Alessandro Farmeschi, director de operaciones de Lamborghini Automobili, como calificó la marca italiana (un eslogan estridente en un video de bienvenida, «No somos supercoches. Somos Lamborghini», apoyó sus afirmaciones).

Tiene razón. Hoy en día, los que están comprando Lamborghini son quienes consumen los últimos y más caros relojes y buscan las experiencias de viaje más exclusivas. Para muchos compradores adinerados, la mentalidad pistera, llena de testosterona y obsesionada por la mecánica apenas si existe hoy.

Siglo XXI

Es cierto que la insignia «S» de Lambo siempre significó un mejor rendimiento y tecnología. Pero lo han despabilado para transformarlo en un auténtico supercoche del siglo XXI para el pensador (o la pensadora), y los equipos de Farmeschi hicieron mucho para lograr un equilibrio al cultivar un estilo de vida de lujo inclusivo y seductor, receptivo pero aspiracional. Las ventas respondieron bien; desde 2011, las cifras de ventas globales totales crecieron más del doble, en gran parte gracias al Aventador y al Huracán, y el año pasado las ventas del Aventador (3,457 entregas a clientes en 2016) superaron más de dos veces las del Murciélago.

El elemento más increíble del Aventador S modelo 2018 es por mucho el sistema que desarrolló Lambo para que las ruedas traseras giren y direccionen el coche independientemente de las delanteras. O sea, es un auto con tracción en las cuatro ruedas y también con dirección en las cuatro ruedas.

Esto significa que en una curva las ruedas traseras pueden girar por sí solas y acortar la distancia con las delanteras, lo que en la práctica crea una batalla más corta. Esto es bueno: las batallas cortas son más flexibles que las largas. En cambio, andando derecho a alta velocidad con las cuatro ruedas apuntando hacia delante, el coche alcanza su máxima longitud (4,80 metros), lo que aumenta la estabilidad del monocasco de fibra de carbono en una línea recta. El resultado son los beneficios de tener dos coches en uno: un Aventador S más corto para doblar y uno más largo para seguir derecho.

Esto también hace que el auto se comporte como si lo manejara un conductor mucho más experimentado que el que (quizás) esté al volante. Al doblar las cuatro ruedas, se pueden hacer muchas más cosas que antes en curvas y giros cerrados.

Interior

Mientras que coches como el Ford GT están pensados exclusivamente para rendir bien en la pista, casi que podría concebirse el Aventador S como algo para manejar todos los días por lo bien tapizado y equipado que está el interior (también es más divertido manejarlo, por supuesto, incluso a baja velocidad, y como doblan las cuatro ruedas, es lo suficientemente flexible para cubrir muchos pecados con baches).

El otro cambio notable dentro del Aventador S es el panel de instrumentos detrás del volante. Dependiendo del modo de conducción que usted escoja, la pantalla digital muestra diversas configuraciones que exhiben la velocidad, las RPM, el status del motor, los niveles de combustible, las marchas y otros sistemas de seguridad y tracción en el coche. La pantalla para el Corsa -un arco completo de RPM- luce especialmente lista para carreras.

Bloomberg (El Economista) – 26/06/2017

 

 

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