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Mª Helena Antolin: «Una cosa es lo que hace Google y otra muy distinta, fabricar un coche»

Noticias Automoción

Defiende que si España tiene hoy una gran presencia de fábricas de coches, es porque detrás existe una importantísima red de proveedores

Amparada en la innovación en la que tanto invierten, dice no temer la llegada de las tecnológicas al automóvil.

María Helena Antolin es, ya lo avisa su apellido, hija de uno de los fundadores del Grupo Antolin, una multinacional española de talla mundial entre la industria proveedora de componentes para automóviles. De su valía da fe, por ejemplo, el hecho de haber sido considerada como una de las 25 principales directivas del sector del automóvil en Europa, según el ranking de Automotive News Top 25 Leading Women 2016. El reconocimiento le llegó el pasado otoño, apenas unos meses después de ser elegida presidenta de Sernauto, la asociación que representa a los fabricantes de piezas en España, y en calidad de ello atiende a EL MUNDO.

Lo hace justo el año que la asociación cumple 50 años defendiendo el papel de una industria que define como «estratégica» para la economía española y también como «discreta». Algo que no responde a una especie de pudor porque ganen mucho dinero – «no nos movemos en grandes márgenes, no de dos dígitos al menos» – sino porque «está formada por empresarios que se han dedicado a trabajar pero no a contar lo que hacen

«Aunque las cosas están cambiando, y nuestros asociados cada vez sacan más la cabeza para contar todo lo que hacen y dónde lo hacen». Mientras que ella, en nombre de todos, reivindica el papel que les corresponde. Por los números de los que hacen gala y porque, presume de ello, «si hoy España tiene las fábricas de vehículos con las que cuenta, es porque detrás tiene una importantísima red de proveedores sin la cual sería imposible haber alcanzado ese nivel. Además, aportamos el 75% del valor añadido de cada coche».

Los números de los que habla tienen varias lecturas. En clave interna hay que medir los 34.000 millones, un 6% más, que facturaron en 2016, su mejor ejercicio. El empleo da una medida de su peso en la economía nacional: tras crear 7.000 puestos directos, la plantilla del sector asciende a 212.000 personas (343.500 con empleos indirectos). Y para valorar su dimensión internacional igual sirven los 19.500 millones que exportaron en 2016 como, sobre todo, que estén presentes en los cinco continentes, colaborando en montar vehículos con marchamo made in Spain.

Aunque la cifra de la que se siente más orgullosa esta ejecutiva de exquisita formación internacional es la inversión en I+D+i. «Durante la crisis seguimos invirtiendo en este capítulo y en 2016 llegamos a 1.350 millones, el 4% de nuestra facturación y el triple de la media nacional». El gasto es todavía más necesario por la «disrupción provocada por el coche autónomo, eléctrico y conectado, y la llegada de nuevos agentes». Se refiere a las tecnológicas y no las teme. «Tenemos que ser inteligentes y buscar colaboraciones con ellas. Se dijo que Google haría su propio coche, pero no será así. Aportará el software o lo que sea pero fabricar un vehículo es una tarea muy compleja y otra, digamos, la tecnología de la conectividad. Son dos mundos totalmente diferentes». «Esas colaboraciones nos permitirán ofrecer nuevos productos a los fabricantes: tejidos inteligentes, nuevas formas mecánicas, elementos táctiles, etc». Antolin destaca varios campos que centran el gasto en I+D+i: materiales ligeros, la Industria 4.0 -en la que son una referencia- sistemas de propulsión y combustibles alternativos y movilidad segura más autónoma.

En este sentido, eleva una de las pocas peticiones que hace a la Administración. «Nosotros somos líderes, sobre todo en innovación de procesos y tenemos que conseguir que la desgravación fiscal por estos costes pase de 12% actual al 25% que tienen los que se destinan a mejoras en producto». También le hubiera gustado que, en la reforma de la normativa sobre vehículos al final de su vida útil, se hubiera obligado a los desguaces a marcar con su logotipo los recambios usados que comercializan.

En cambio, «aunque siempre se puede pedir más», se da por satisfecha con el marco laboral en existente. Y reconoce que llevan un año «visitando todos los ministerios. Así que te puedo garantizar que nos conocen. Otra cosa es el nivel de repercusión porque es más glamuroso vender un coche que un asiento o un freno, pero aspiramos a tener la visibilidad que nos merecemos por nuestro peso específico».

Luego, de cara al exterior, la labor de Sernauto pasa por multiplicar la presencia internacional de los suministradores, no solo los de primer nivel que ya están allí donde se fabrican los coches. «Lo fundamental es lograr que ese ecosistema sea completo. Es decir, que también salgan fuera los Tier 2 (proveedores de los proveedores) y a eso responden misiones comerciales como la que tenemos previsto realizar a México o Irán». En este punto, Antolin cree que es demasiado pronto para valorar tanto los efectos del Brexit como de las políticas de EEUU referentes al automóvil, pero admite que son tanto un riesgo como una oportunidad que ellos pueden aprovechar por su flexibilidad para moverse allí donde se traslade producción.

«Además, si tuviera que destacar una fortaleza de los suministradores españoles, diría que es su reactividad, su capacidad para reaccionar de forma rápida y ágil en situaciones complejas donde una empresa alemana o, incluso más una japonesa, son muy rígidas. Esta cualidad sale a relucir todavía más en un sector tan disputado como el nuestro. Y esto nos lo dicen los clientes». Mientras, del lado de las debilidades o retos, aparte de insistir en mantener a toda costa la competitividad, señala el hecho de «no tener una marca de coches española. Eso nos obliga a ser los primeros de la clase ante unos fabricantes que nos exigen productos de altísima calidad a precios muy ajustados».

También señala que la transformación que está viviendo el mundo del automóvil exige cambios importantes en la preparación de los empleados, en la que la formación dual ya es una herramienta común para muchos de sus asociados, y que se tendrá que orientar «sobre todo en la parte del desarrollo del producto, con más ingenieros o desarrolladores, frente a la propia producción».

Y todo esto, dentro de un libro de ruta conocido como «Agenda Estratégica Componentes 2020» que se presentó hace tres años y de la que ya se han alcanzado grados de cumplimiento que oscilan entre el 66% (caso de la creación de empleo para el periodo, 31.000) hasta el 100% en lo que se refiere a las exportaciones. «Y eso que el crecimiento, que estimamos por ejemplo en un 7% en el caso de la facturación para este año, se ralentizará algo en el futuro. Si siguiéramos a este ritmo, los sobrepasaríamos todos», concluye.

FÉLIX CEREZO – EL MUNDO – Madrid – 21 jun. 2017

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