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La venta de Jeep a China, bajo la lupa de EEUU

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La posible operación se bloquearía si el Comité de Inversiones Extranjeras lo ve un riesgo para la economía

La posible compra por parte del fabricante automovilístico chino Great Wall de Jeep Fiat-Chrysler (FCA) necesitaría el ok de EEUU para llevarse a cabo. Aunque el rumor no se ha traducido todavía en una oferta, la operación dependería del Comité de Inversiones Extranjeras de los EEUU (CFIUS en inglés).

Este se encarga de revisar los acuerdos que afectan al control de marcas estadounidenses y que pueden poner en riesgo la economía estadounidense o la seguridad nacional. FCA es propietaria de algunas firmas emblemáticas en EEUU como la propia Jeep, Dodge, Ram o Chrysler. El CFIUS tiene poder de actuación incluso si la empresa matriz está en el extranjero, como FCA.

El sector automovilístico forma parte de los considerados como estratégicos. Otros serían el transporte, el sector energético, el alimentario o el agrícola. También se supervisan las compras de proveedores de componentes de automoción.

El proceso de la comisión es voluntario, pero si las autoridades detectan alguna incompatibilidad pueden frenar una negociación. Sólo dos acuerdos han sido bloqueados en las últimas décadas. En 1990 el presidente George H.W. Bush prohibió la participación de una compañía china en el proveedor aeroespacial Maco Manufacturing Inc. En 2012, Barack Obama cortó los planes de otra compañía del país asiático para hacerse con un parque eólico en Oregón por estar cerca de una zona de pruebas de la Armada estadounidense. Precisamente, el criterio de «seguridad nacional» es el más extremo que antepone el CFIUS para censurar un contrato, más allá del proteccionismo económico. Además, las compañías chinas como Great Wall reciben una atención especial.

El cerco es más estrecho con Trump. Diferentes analistas opinan que el actual gobierno podría presionar también por motivos políticos para forzar a China a resolver la situación nuclear con Corea del Norte.

En 2009, otro fabricante norteamericano, General Motors, frenó en el último instante la venta de la mayoría de Opel -por aquel entonces su filial europea- a un consorcio formado por Magna, fabricante de componentes austriaco-canadiense, y el banco ruso Sberbank. Las reticencias de GM a vender parte de su tecnología a esta última entidad dieron al traste con la venta. «Esto habla de la singular actitud de los socios estadounidenses con sus contrapartes», señaló el gobierno de Vladimir Putin, que amenazó con denunciar a GM.

EL MUNDO – Madrid – 29 AGO. 2017

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