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«Cuando el coche autónomo funcione 10 años, se prohibirá conducir»

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La fundadora del fondo Pear de Silicon Valley cree que es el momento de invertir en el vehículo autónomo y prevé una década de convivencia difícil como la que vivieron el coche de gasolina y el carro de caballos

Todo cambia y mientras esto sucede ella se siente una privilegiada. «Vemos el futuro antes de que llegue», dice Mar Hershenson, fundadora del fondo de inversión Pear de Silicon Valley, y añade: «Hacemos inversiones presemilla, cuando aún no hay nada». Su gran apuesta es el coche autónomo y, de hecho, es ahora, según dice, el momento ideal para invertir en transporte.

Lo justifica con un análisis que echa la vista atrás. En 1996 llega internet y ya en 1998 se pensaba que era demasiado tarde para invertir en el sector. «Sin embargo, Google empezó en 1999 y las demás grandes empresas de internet en 2000. Así que de ninguna manera es tarde», opina Hershenson. Es más, para ella es el principio de un cambio enorme que afectará al transporte de las personas, a la distribución y hasta al propio comercio. «Es un buen momento para invertir», reitera.

Los habilitadores de tales cambios son, sin duda los algoritmos. «En los últimos diez años la evolución de las GPU ha hecho posible que los algoritmos funcionen a velocidades que sean válidas para los coches. Si el vehículo tiene que procesar un montón de datos y tarda diez minutos en decidir cuál es el siguiente paso, el sistema no funciona». Aquí entran en juego los algoritmos de deep learning, pero también los datos. Una información que el coche obtiene a través de sensores y que le permiten tomar una decisión, algo que antes no era posible.

Google cuenta con una flota de casi 50 coches autónomos que pone cada día en la calle para realizar pruebas, explica Hershenson. «El coche autónomo ya está aquí». Y si bien existen diferentes grados de autonomía dentro de este vehículo del futuro, «el debate está en si va a haber un nivel 3 y 4, o si vamos a pasar directamente al 5», apunta,

Al final, parece que la convivencia de los coches con conductor y los autónomos será el proceso más complejo. Será similar, a juicio de Hershenson, a cuando aparecieron los primeros coches de gasolina que convivían con los carros de caballos. Una amalgama en la que conducir no era tarea sencilla. «Será difícil porque los vehículos no se comunicarán lo suficientemente bien y no podrán predecir cómo se comportará una persona», dice.

No serán más que diez años los que dure esta convivencia, según la inversora. Apunta que una vez que el coche autónomo empiece a funcionar, se prohibirá que las personas conduzcan. «Conducir terminará siendo un deporte como lo es ahora la hípica», recoge.

En tal adopción juegan un papel sustancial las ciudades, que tienen que estar preparadas para el despliegue de una enorme infraestructura en la que todo el transporte estará integrado y se combinará, sea con el metro o con el autobús, que también puede ser autónomo.

«El coche autónomo será compartido. Por eso Uber está invirtiendo en coches autónomos. Su mayor coste son los conductores», aclara. Pero en la ciudad la revolución en marcha implica la gestión del tráfico e, incluso, reinventará la misma señalización, que perderá su rol actual. «El semáforo posiblemente será una cámara 360º que mostrará lo que no sea posible ver y se comunicará con el coche. La señalización será para los peatones», augura.

Inteligencia artificial, es tu momento

Mar Hershenson analiza que en cada década hay un gran cambio que transforma todo un sector y a sus consumidores. En el año 1976 , «el ordenador personal no era sólo el avance de Intel. Cambió todo lo que hacíamos». En 1986 fue el ‘router’ de Cisco el que permitió que «los ordenadores hablaran entre ellos solos». En 1996 fue, directamente internet.Y, ya en 2006, el iPhone. «Ahora, en 2016 es la Inteligencia Artificial. Ya está pasando. Va a cambiar desde cómo conducimos a cómo vamos al médico, cómo aseguramos nuestra casa o cómo hablamos con las empresas. Todo está cambiado así que la oportunidad de aplicaciones en torno a la Inteligencia Artificial es en lo que estamos invirtiendo ahora.Es emocionante»,afirma la fundadoradel fondo Pear.

LIDIA MONTES  EL MUNDO  – 24 may. 2017

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