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China exhorta a sus fabricantes a ‘salir de compras’

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Pekín está animando a sus fabricantes a buscar adquisiciones en otros países. Habrá que ver si la buena gestión de Geely, que ha obtenido un rendimiento positivo con Volvo, motivará a otros compatriotas suyos a actuar.

El ejemplo de Volvo está cundiendo en China, en donde el Gobierno está animando a sus principales fabricantes de automóviles a intentar adquisiciones de marcas internacionales. Esto supone un cambio en la percepción de estas operaciones de compra por parte de las autoridades chinas que, en 2010, cuando la marca sueca, entonces propiedad de Ford, fue adquirida por el Geely Holding Group, pese a que no está participada por ningún Gobierno, se tomó su tiempo para aprobarla.

En la actualidad, Volvo Car es una compañía floreciente, con beneficios que crecen al ritmo de un 25% hasta casi los 500 millones de euros en los seis primeros meses del año. Con fábricas no sólo en Suecia y en Holanda, sino también en China y Estados Unidos, que debería cerrar la década con un millón de coches producidos, el triple de cuanto fabricaba en el momento de la adquisición.

Volvo se ha convertido en un centro de excelencia para el grupo Geely, en cuya reorganización ha colaborado. Han desaparecido marcas que se emplearon en sus orígenes, como Xiali, bajo la que se vendían los primeros modelos derivados de Daihatsu. Recientemente se ha anunciado que la propia marca Geely podrá utilizar motores de Volvo mientras que ésta ha adquirido una participación en Lyink&Co, la nueva marca del grupo creada a consecuencia de la reorganización.

Todo esto ha impactado en los gobernantes chinos que hasta ahora pensaban que sus empresas podrían hacerse un hueco internacional. Pero no ha sido así, pese a la presencia de algunos de sus fabricantes en los salones internacionales.

Los esfuerzos realizados han sido infructuosos y sólo algunos mercados de América Latina y del Sureste asiático han sido receptivos al producto chino. Son mercados muy sensibles al precio y en los que no hay exigencias en materia medioambiental y por tanto, aceptan modelos que no se podrían homologar en mercados desarrollados.

La falta de tecnología para poder ofrecer coches que cumplan con los últimos requerimientos de las normas sobre emisiones se ha convertido en una barrera para el producto chino que puede ser superada por la compra de fabricantes internacionales que ya disponen de la tecnología y acceso más directo a los suministradores de los componentes necesarios.

De lo que no hay seguridad es de que el ejemplo de Li Shufu, el presidente del conglomerado Geely haya calado en el resto de sus compatriotas. Li dejó en manos de los suecos la gestión de Volvo -primero en las de Stefan Jacoby, que dejó el puesto de presidente por enfermedad, y luego en las de Hakan Samuelsson- respaldando económicamente sus planes, debidamente aprobados, pero sin caer en la exagerada política de reducción de gastos que había llevado Ford.

De cualquier forma, según contaba la revista Automotive News China, los fabricantes de aquel país podrían disponer de hasta un billón y medio de euros para sus adquisiciones, lo que les permite optar a muchos fabricantes de todo el mundo. Y todo parece indicar que va a ser en Estados Unidos donde buscarían una opción de compra.

EXPANSION – POR SERGIO PICCIONE – Madrid – 16/08/2017

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